viernes, 29 de octubre de 2010

Se necesitan mosquiteras en Afganistan



Los gritos que salen de la clínica ponen los pelos de punta a cualquiera. Parece que fueran matando uno a uno a quienes entran allí. "La inyección es muy dolorosa", justifica la doctora Fruzan Ahmedi con una jeringuilla en la mano, preparada para clavarla en el próximo paciente aquejado de lo mismo: leishmaniasis. Una enfermedad que en Occidente suena 'a chino', pero que en Afganistán está ampliamente extendida.
Kabul, incluso, se considera la capital mundial de la leishmaniasis. En el año 2009 se diagnosticaron 17.000 casos nuevos. Y se cree que eso es sólo la punta del iceberg. El número real de personas infectadas puede llegar a las 65.000. Una locura.
La leishmaniasis es un trastorno causado por la picadura de un mosquito que afecta a la dermis. Las lesiones son inicialmente pequeñas pero, si no se tratan, se pueden convertir en unas grandes y feas heridas con costra, que pueden llegar a afectar a órganos vitales y dejar cicatrices en la piel para toda la vida, además del consecuente estigma.

El insecto pica sólo por la noche, porque sólo se mueve en lugares oscuros, cerrados y sucios. De ahí que la enfermedad afecte a las partes del cuerpo no cubiertas -cara, manos y pies- y a gente pobre que vive en malas condiciones higiénicas, especialmente mujeres y niños, ya que en Afganistán son los que acostumbran a estar más tiempo en lugares cerrados como la casa. Además, Kabul ha crecido espectacularmente en los últimos años -ha multiplicado su población por cuatro desde 2001- y son muchos los que viven en campamentos rudimentarios, caldos de cultivo para esta patología.
El elevado número de pacientes diagnosticados, sin embargo, no se debe sólo a eso, sino también a un incremento de los servicios disponibles en Kabul para tratar a los enfermos por leishmaniasis, asegura Peter Graaff, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Afganistán. En la actualidad, cuatro clínicas de la capital afgana ofrecen tratamiento.
Sin fármacos y sin dinero
Una cosa, no obstante, es la asistencia sanitaria y otra, la disposición de medicamentos. "¿Aún te queda todo eso?", pregunta el doctor Salim a su colega de la clínica de la Sociedad de la Media Luna Roja Afgana -una de las que trata la leishmaniasis -, señalando una vitrina llena de cajitas de cartón cuidadosamente colocadas. "No, no, las cajas están vacías. Las ponemos ahí de decoración", contesta la doctora, con total naturalidad.
Según dice, sólo tienen antimoniales -así se llama el medicamento para combatir la leishmaniasis - para una decena de pacientes más. ¿Y después? La doctora se encoge de hombros. "Pues los enfermos tendrán que comprarlos en la farmacia, o esperar que OMS los traiga", contesta.

En las farmacias de Kabul, sin embargo, no hay medicamentos de buena calidad para la leishmaniasis. Los que se comercializan pueden provocar problemas cardiovasculares y no son para nada baratos. Al menos para el bolsillo de los que los necesitan: 180 afganis (unos cuatro euros).
Por su parte, la OMS no dispone de suficientes fondos para financiar los medicamentos necesarios para una demanda que parece no tener fin. "Hacen falta más recursos", admite abiertamente Graaff, que añade que el hecho de que la leishmaniasis sea una enfermedad poco conocida en Occidente dificulta la obtención de fondos.
A pesar de ello, se están dando algunos pasos de hormiga y, además, con fondos españoles. La Fundación La Caixa ha financiado un programa para sensibilizar a la población afgana sobre la necesidad de tomar medidas de prevención para evitar la picadura del mosquito: se ha instruido a una treintena de profesores y a otros tantos imanes, y pronto se empezarán a emitir mensajes informativos en las principales cadenas de radio y televisión. No obstante, a veces resulta difícil conseguir resultados.
"Hace 12 años tuve reuma y tomé muchos medicamentos, y creo que esto me ha salido ahora por eso", dice Jamila, una mujer de unos cuarenta años, enseñando una herida que tiene en la pierna por leishmaniasis. "Pero bueno, ¿cuántas veces le tengo que decir que esto es por la picadura de un mosquito?", se queja la doctora Fruzan, con cara de reproche. Sharifa, que tiene heridas en brazos y manos, sí que tiene claro qué causa la Leishmaniasis y cómo prevenirla: utilizando mosquiteras. Pero el problema, dice, es que ella no tiene dinero para comprarlas


elmundo


Las multinacionales de la farmacia se enriquecen con la salud de humanos, el dinero de los países desarrollados les paga muy bien su producción, ya que es la salud y seres humanos hay en todas partes deberían implicarse más en sucesos como este, sus medicamentos deben llegar a todas partes, es la salud, si con mosquiteras en la noche no les pican hay que proporcionárselas, necesitan los medicamentos y las mosquiteras así que hay que aplicarse a ello

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